domingo, 7 de junio de 2015

TWEETS VARIOS 1



Áurea:


Tal vez las ideas de mi padre no sean muy modernas, pero él nunca usaría la violencia para mover a las masas. Sus intenciones son buenas. Me preocupa el futuro de la ciudad.

Leopoldo:


Yo sólo quiero que los politos y las politas vivan en paz, no que descansen en paz. ¡No quiero asesinatos en nuestra ciudad!
Lisaveta Profievna:



La ciudad estaba más tranquila antes de que empezasen las elecciones. O sea, ¿qué tipo de candidatos se han presentado? ¿Estamos en una ciudad o en un zoo?

sábado, 6 de junio de 2015

LISAVETA PROFIEVNA




Lisaveta Profievna es estudiante de relaciones públicas. Sabe hablar muchos idiomas, entre ellos el ruso, el francés, el inglés, el italiano y el alemán. Es hija de un comerciante ruso de telas. Su pasión es la moda. Siempre escoge vestir elegantemente, dondequiera que vaya, y es asidua a fiestas privadas donde se reencuentra con miembros de la alta sociedad de los que es gran amiga. Su madre es modista y teje para las mujeres más distinguidas de la ciudad. Como sabe hablar tantos idiomas, a veces ayuda a su padre en sus negocios y, gracias a ella, su comercio está expandiéndose a otras ciudades.


Sus padres están encantados con ella, pues se ha convertido en la hija que siempre desearon tener; pero también se preocupan excesivamente por su futuro y no dejan de buscarle pretendientes que ella rechaza casi sin darles una oportunidad. No ha tenido novio nunca y parece como si no quisiese tenerlo. Es muy independiente y altruista. A veces es un poco superficial, ya que no puede evitar juzgar a las personas por la forma en que visten o se peinan. Es un poco excéntrica y, en ocasiones, ni siquiera sus amigos la entienden. Le encanta viajar y siente un amor muy profundo por las ciudades avanzadas. También toca el violonchelo desde pequeña, aunque nunca se ha aprovechado de ello, y a veces deleita a sus amigos en alguna de esas fiestas a las que suele asistir. Pese a todo, es muy buena clack y se preocupa mucho por sus seres queridos. Le gustaría tener un perro, pero sus padres no se lo permiten, ya que su madre no desea que arañe sus cuidados y caros muebles ni ensucie sus elegantes sillones. Dentro de poco, cuando consiga trabajar por su cuenta, Lisaveta se independizará y entonces podrá tener todos los perros que desea. Adora a esos animalitos.


Es prima de Lucerna y Deena, aunque no se siente muy identificada con ellas. No coincide mucho con Deena, ya que son polos totalmente opuestos; pero con Lucerna mantiene una relación especial, ya que jugaron juntas desde que eran pequeñas y Lisaveta siempre ha sabido aconsejar muy bien a su prima. Lucerna la quiere mucho, aunque es consciente de que sus caracteres son muy distintos; pero le gusta visitarla para tomar juntas el té y hablar de sus vidas. A Lisaveta le habría gustado que su prima, en vez de abrir una tienda de flores, hubiese abierto una de ropa; mas nunca se lo comunicará, pues es consciente de la ilusión que siente Lucerna por su nueva vida. Lisaveta, pese a todo, les desea lo mejor a las dos hermanas.


EL TWEET DE LEOPOLDO



Como Leopoldo Belmonte no tiene ni la menor noción sobre informática (ni desea tenerla), tuvo que pedirle a su hija Áurea que lo ayudase a publicar uno de esos tweets que tanto éxito estaban teniendo en Clickópolis.

 Leopoldo (acercándose a Áurea, que estaba concentrada escribiendo en el ordenador): ¡Hola, Áurea, hija! Mira, me ha llegado el rumor de que los candidatos están publicando cosas en una de esas redes culturales...


Áurea: Sociales, papá...

Leopoldo: ¡Eso! Pues, bien, yo también quiero publicar un pwit de esos... Yo también quiero tener un twister.
Áurea: un tweet, papá... y no se llama twister, sino twiter.
Leopoldo: Pues, venga, pon lo que voy a decirte ahora: ¡No pienso permitir que...!
Áurea: Pero ¿cómo, papá? ¡Si no tienes twiter!
Leopoldo: ¿Y qué pasa?
Áurea: Pues que, si no tienes un twiter, no puedes publicar nada. Primero tengo que hacerte uno.
Leopoldo: Eso. Pues venga, hazme un truter.
Áurea (intentando no reírse): Un twiter, papá...
Leopoldo (gesticulando efusivamente): ¡Da igual, hija! Hazme uno.
Áurea: Necesitas tener una cuenta...
Leopoldo: Ah, ¿pero es que encima tengo que pagar?
Aurea: No, no tiene nada que ver con el banco, papá... Bueno, a ver... Dime tu dirección de correo.
Leopoldo: ¿Mi dirección de correo? Pues... calle de Los montes, número 62...
Áurea (estallando en risas sin poder evitarlo): ¡No, papá! ¡No me refiero a la dirección de nuestra casa! Por lo que veo, no tienes correo electrónico...
Leopoldo: ¿Desde cuándo las direcciones de correo son electrónicas?
Áurea (resoplando): Déjalo, papá...
Al fin, Leopoldo tuvo hecha su cuenta de twiter. Le pidió a Áurea que se encargase de todos los “pwits” que él deseaba escribir, lo cual la divertía a la vez que la agotaba, pues a partir de aquel día Leopoldo le venía con un nuevo tweet a todas horas.


Leopoldo: El primero que quiero que publiques es el siguiente: ¡No pienso permitir que los ciudadanos de Clicópolis sufran la violencia! ¡No quiero que los asuntos de la ciudad se arreglen a golpes y a puñetazos! ¿Qué son lo que se presenta a las elecciones, políticos o luchadores de sumo? ¡Quiero defender tanto a los animales como a los clicks!
Áurea: Papá, solamente se pueden escribir 140 caracteres...
Leopoldo: ¿Quéee?
Áurea: Que no puede ser tan largo, papá...
Leopoldo: Está bien. Pues pon esto: ¡Clickopolitanos, clickopolitanas! ¡Negaos a la violencia y no os creáis las mentiras de los demás políticos! ¡Quieren engañaros! ¡Lo que ocurrió la otra noche no es más que el reflejo de lo que sucederá en la ciudad si PUC no gana, si se apodera de ella cualquier mamarracho que quiere destruirla! ¡Sed sensatos! ¡La sensatez es lo que nos distingue de las demás especies!
Áurea: Papá, por favor... ¡más corto!
Leopoldo: ¡Maldito Twister! ¿Desde cuándo la expresividad tiene límite? Pues, nada, escribe: ¡Clickopolitanos, clickopolitanas, la violencia no es política! ¡Y a tomar viento!
Entonces, el tweet de Leopoldo ha quedado así:


jueves, 21 de mayo de 2015

WICCANOS Y PRINCESAS GUERRERAS




Gaya es la suma sacerdotisa de El fuego de Hécate. Ha fundado varios aquelarres a lo largo de su vida, pero siempre se deshacían por la influencia externa de los habitantes de las ciudades. Desde que era pequeña, sintió una conexión muy potente con la naturaleza y todos los elementos que la componen. Su familia era católica, pero ella nunca pudo creer en lo que su familia tanto defendía, por lo que, en secreto, empezó a investigar acerca de otras creencias hasta encontrar la que verdaderamente concordaba con su forma de ser y de pensar. Nació y vivió hasta los treinta años en un pueblo muy pequeño rodeado por bosques espesos y altas montañas. Los entornos de su hogar condicionaron profundamente su modo de interpretar la vida. Siempre supo que había llegado al mundo para cumplir una misión muy importante: desvelar el poder de la naturaleza y de todas esas fuerzas que la controlan. Siempre supo que creer en un ser divino no tenía por qué suponer un castigo ni un constante control. Es una mujer afable, paciente y muy sabia. Ha adquirido sus conocimientos tras largos años de estudio y realmente nunca dejará de aprender cosas nuevas. No le gusta la tecnología y no está de acuerdo con la manera en que está avanzando la sociedad, por eso prefiere vivir apartada de las ciudades, en hogares escondidos en el bosque o en pueblos casi olvidados. Tras de sí se esconde un pasado muy interesante y misterioso. Siempre tuvo que luchar para defender sus creencias y para convencer a las gentes de que ella no era ninguna bruja. 
 Fue hippie en los años setenta, entre otras experiencias, y, en su juventud, vivió largo tiempo en comunas donde podía sentirse verdaderamente libre. Por sus creencias y su forma de comportarse, las relaciones con su familia se rompieron hace muchísimos años. Nunca se ha casado. Ha consagrado su vida a la Diosa porque afirma que es el único ser que nunca la ha abandonado y no la abandonará jamás.

 Gilbert es el sumo sacerdote de el aquelarre El fuego de Hécate. Es un hombre muy reflexivo, sabio y algo ermitaño. Adora los bosques y sabe muchísimo acerca de aves, leyendas y creencias ancestrales. Afirma que ha vivido varias existencias tras morir y que se halla en el mundo por décima vez. También asegura recordar todas las vidas que ha tenido a lo largo de la Historia, pero, sin embargo, solamente habla de ello a quienes tienen un profundo conocimiento acerca de las fuerzas antiguas, las que él dice sentir en su interior o cuando se encuentra paseando por el bosque o cerca del mar. Conoció a Gaya en una comuna hippie donde habitaron y juntos decidieron crear el primer aquelarre de su vida; pero éste se disolvió por culpa de las personas que pensaban que solamente intentaban hacer el mal a los que se acercaban a ellos. 

Adora la magia y los trucos ilusionistas, pero sobre todo pasa su tiempo leyendo libros y pergaminos antiquísimos en busca de olvidadas leyendas y creencias. Tiene algunas frases muy recurrentes como, por ejemplo: “el dios de cada uno se encuentra en su corazón”, o: “no existe un solo dios y una sola diosa, pues cada cual tiene los dioses que necesita; solamente el respeto es uno, y es el dios de la convivencia”. Con Gaya mantiene una relación fraternal desde que la conoció. Siempre ha sentido por ella el afán de protegerla y Gaya siempre ha encontrado en él un maestro que la ha enseñado a vivir. Es paciente como la misma naturaleza y siempre está dispuesto a adoctrinar sobre los valores de la vida a todos aquéllos que se acerquen a él. Es bondadoso y empático y nunca juzga a las personas, pues cree que todos somos dueños de nuestros actos y tenemos que aprender nosotros basándonos en las consecuencias de nuestros actos.
  Agnes, junto con Gaya y Gilbert, creó el aquelarre El fuego de Hécate. Es sacerdotisa desde hace más de un año y ambiciona convertirse en suma sacerdotisa cuando Gaya se retire. Decidió entregarle su vida a la Diosa para poder centrarse mejor en sus intereses. Siente un amor inmenso por la noche y por todos los seres que la pueblan, ya pertenezcan a este mundo o al que queda más allá de la vida. Es reservada y desconfiada. Desde que era pequeña, percibió cosas que los demás no captaban, pero nadie la creyó jamás cuando contaba su secreto. La mandaban a psicólogos que la tachaban de esquizofrénica. Los psiquiatras la obligaban a tomar pastillas que ella nunca ingirió. Su pasado es oscuro y difícil. Siente un rencor infinito por los humanos y solamente aprecia (con reservas) a los miembros de su aquelarre. Vive en una casa muy pequeña en medio del bosque y apenas se acerca a la ciudad. Cree que la naturaleza le proporciona todo lo necesario para vivir. Es arisca con las personas que no le suscitan confianza, pero es cariñosa con sus (pocos) seres queridos y está dispuesta a ayudarlos en todo lo que necesiten. Sin embargo, no soporta a Artemisa, a pesar de que ambas se asemejan mucho en su forma de pensar, y no tiene reparos en demostrárselo cada vez que la mira. Gaya la aprecia mucho, pero a veces se siente levemente incómoda a su lado.
 Agnes tiene una conexión muy fuerte con los espíritus del Más allá y con fuerzas que nadie conoce. Además, adora las serpientes, las arañas y los murciélagos. Siempre ha defendido con uñas y dientes a los animales y adora las tormentas, cuanto más violentas mejor. Utiliza el fuego para comunicarse con la Diosa y, además, domina lenguas antiguas de las que casi nadie se acuerda. Dice haberlas aprendido gracias a los espíritus que se han comunicado con ella a lo largo de su vida. Agnes jamás permitirá que nadie la conozca plenamente, pues afirma que los seres humanos no saben guardar secretos, y tanto su pasado como su presente están llenos de misterios que ella jamás revelará a nadie.
 Dunia adora el mar, las flores y las montañas. Le encanta hacer escalada, aunque también disfruta dando paseos tranquilos por el bosque. Desde que era adolescente, anduvo buscando esa fuerza superior que todos necesitamos para sentirnos protegidos. No la encontró en ninguna religión hasta que conoció a Gaya en una conferencia sobre plantas medicinales. Gaya le pareció una mujer muy sabia con la que era necesario entablar una amistad. Gaya enseguida captó las intenciones de Dunia, pero nunca se negó a ayudarla. Así pues, Dunia fue conociendo los misterios de El fuego de Hécate hasta que, al fin, se convirtió en una iniciada más. Es muy altruista. Siempre piensa en ayudar a los seres que quiere y a los que apenas conoce, por lo que a veces los clicks malintencionados se aprovechan de ella. Es la protegida de Gaya, pues la suma sacerdotisa siempre tiene miedo de que le hagan daño. 

Dunia es inocente y a la vez pura, pero tiene una picardía que divierte mucho a quienes la conocen. Mantiene una relación muy especial con los animales, sobre todo con las aves, y en más de una ocasión ha tenido como compañero a un pájaro o ave rapaz, pero enseguida se ha sentido culpable por cortar su libertad y los ha dejado libres. No le gusta la ciudad ni las fronteras. Cree que el mundo es el hogar de todos y además es vegetariana y muy cuidadosa con el medio ambiente. Está introducida en organizaciones que protegen a los animales en peligro de extinción y algunas reservas naturales. Sus padres apenas conocen su vida debido a que Dunia prefiere vivir lejos de su casa, pues allí se siente encerrada. Es una clack muy alegre y activa y adora aprender.
 Eleanor quiso ser princesa guerrera desde que era pequeña. Jugaba a que luchaba contra Sam y su ejército oscuro. Sus padres la amonestaron por ello infinidad de veces, pero Eleanor nunca se rindió y se esforzó lo indecible para ser aceptada en el ejército de Evelyn, por quien siempre sintió una admiración inabarcable. Desde que pertenece a la orden de las princesas guerreras, no ha vuelto al que fue su hogar. Afirma que su única vida se encuentra entre esas valientes mujeres y no necesita nada más para ser feliz. Era heredera de un castillo precioso y de unas tierras fértiles que podían ofrecerle muchos bienes; pero, al marcharse, tanto el castillo como las tierras pasaron a manos de su hermano gemelo, quien los heredó cuando murieron sus padres de una enfermedad contagiosa. Eleanor nunca soportó a su hermano, pues él siempre la maltrataba vilmente y se aprovechaba de su inocencia. Además, se reía de ella cuando la veía jugando a ser princesa guerrera. Nadie sabe que Eleanor está esperando el momento de vengarse de su desagradecido y cruel hermano.
 Prudence, hija de un poderoso conde de Clisandia, es la mayor de siete hermanas. Se distinguió de todas ellas en que siempre fue mucho más valiente que nadie. Cuando Prudence tenía catorce años, una noche hubo un incendio muy destructor en el castillo en el que habitaba con su familia y fue la única clack que se atrevió a adentrarse en los aposentos de sus padres para salvarlos. Casi todas sus hermanas (salvo dos) murieron aquella noche sin que le diese tiempo a rescatarlas. Desde entonces, tiene cicatrices incurables en el brazo derecho y en el pecho, cicatrices que esconde bajo su armadura. Desde aquella noche, Prudence fue apodada la Dama del fuego, pues nunca temió a las llamas. Su valentía le hizo plantearse la posibilidad de pertenecer a la orden de las princesas guerreras de Clisandia. En su interior siempre se desempeña una lucha entre el amor y el odio hacia la vida. Guarda un infinito rencor al destino por haber provocado la muerte de casi todas sus hermanas. Lucha siempre poniendo toda su alma pensando en que cada golpe de espada puede salvar mil vidas. Su carácter ha ido endureciéndose con el tiempo y sus compañeras consideran que es una de las guerreras más ariscas de la orden; pero, no obstante, todas saben que bajo su dura coraza se esconde un corazón resentido y asustado.